Hay piezas que se mueven cuando tú te mueves, y ese es precisamente el sentido. Las hice para las mujeres que quieren sentir el calor de algo auténtico sobre la piel cada día: cada disco está cortado a mano de una lámina de cobre, martilleado en toda su superficie golpe a golpe y después unido con eslabones, de modo que la pieza inferior oscila libremente, como debe hacerlo el cobre.
Las personas llevan cobre pegado a la piel desde hace miles de años, y las mujeres que vuelven a por más siempre me dicen lo mismo: algo cambia, aunque no sepan explicar qué.
Estos son de los últimos pendientes que haré antes de cerrar mi taller para siempre. Espero que encuentren unas orejas preparadas para llevar un poco de calidez.