Hay un tipo de peso que te asienta: no pesa, simplemente está presente. Eso es lo que llevan estos aros. Quería algo que se sintiera firme en cuanto te lo pones.
Cada aro se moldea a mano alrededor de un mandril: el tubo se martilla hasta dejarlo liso y se va afinando, más grueso en la curva y más fino hacia el cierre. Esa conicidad exige pulso firme y varios intentos hasta que sale bien.
Llevar cobre pegado a la piel es una costumbre más antigua que casi todo lo que hoy damos por sentado: la gente se ha apoyado en ella durante generaciones, mucho antes de tener nombre para lo que hace. No la inventé yo. Solo seguí haciendo las piezas.
Espero que estos pendientes encuentren a alguien que los lleve a diario sin pensarlo dos veces. Ese siempre ha sido el objetivo.
Material: Cobre puro al 99,9 %